viernes, 10 de noviembre de 2017

Tepuy en Venezuela

EN VENEZUELA:
 TEPUY
FLORA Y FAUNA ENDÉMICA

La Guayana venezolana es una amplia región natural localizada al sureste del río Orinoco. Forma parte del Macizo o Escudo Guayanés, que comparte con Guyana, Surinam, la Guayana Francesa y Brasil y se extiende en territorio venezolano por medio millón de km², aproximadamente.

En la Guayana venezolana se distinguen en el relieve dos formaciones geológicas nítidamenEn la Guayana venezolana se distinguen en el relieve dos formaciones geológicas nítidamente diferenciadas: por una parte, el Escudo Guayanés, que es el basamento de formación muy antigua (unos 3500 millones de años), constituido por rocas cristalinas, tanto ígneas como el granito, como metamórficas como el gneiss, lo cual ha hecho que este basamento reciba el nombre de complejo basal de Guayana, ya que está formado por una gran variedad de rocas y minerales (Formación Pastora).

La Piedra del Medio, isla granítica ubicada en el cauce del Orinoco frente a Ciudad Bolívar es un buen ejemplo de las rocas del escudo: aunque la distinta coloración pareciera corresponder a estratos de rocas sedimentarias, se trata de los efectos de coloración de las aguas del río realizados a lo largo de miles y aún millones de años. Y por la otra, una cobertura sedimentaria, también muy antigua (unos 1500 millones de años) en la que predominan las areniscas, y que forma los relieves más elevados del paisaje (los tepuyes o mesetas de bordes abruptos). La enorme antigüedad del escudo guayanés (y también de la cobertura sedimentaria) está explicada por la larga estabilidad geológica de la región, la cual ha sufrido modificaciones importantes pero sin que afectaran en gran escala al propio escudo. De hecho, esas modificaciones, que consistieron en la elevación del relieve y la posterior erosión, han adquirido notables proporciones, no porque hayan sido procesos violentos, sino por la extraordinaria duración de los mismos a lo largo del tiempo geológico. Además esa enorme antigüedad del relieve es la que explica el hecho de que no se encuentren fósiles en las rocas guayanesas, ya que su formación tuvo lugar en épocas anteriores a la aparición de vida sobre la Tierra.
Y los estratos casi horizontales de la cobertura sedimentaria, como se ve en la imagen del Roraima, han dado origen al desarrollo de un relieve invertido, en el que los anticlinales forman las partes más deprimidas del relieve mientras que los sinclinales forman los tepuyes o mesetas de mayor elevación. El hecho de que estos sinclinales formen las partes más elevadas del relieve es lo que explica su forma de cubeta (cóncava), con el buzamiento o inclinación de los estratos hacia la parte interna, y con el perímetro situado a mayor elevación ya que, en realidad, vendría a formar parte de los propios flancos de los anticlinales reducidos y casi eliminados por la erosión. Es por ello que las cascadas que bordean los tepuyes tienen que atravesar profundos desfiladeros y cortes o simas que tienen algunas veces varios centenares de metros de profundidad, como sucede con la Sima Aonda, en el Auyantepui, en el cual varias de las cascadas salen por una abertura al final de un río subterráneo a una altura intermedia en la pared del propio tepuy.

Presenta un clima ecuatorial o intertropical lluvioso, en el que no hay verdaderas estaciones en cuanto a las precipitaciones, si exceptuamos una pequeña zona al noreste de la región. Las temperaturas dependen considerablemente de la altura, desde las más cálidas de las tierras bajas, con medias anuales de 25 a 26 °C (San Carlos de Río Negro, ubicado a menos de 2 grados de latitud norte y a 110 metros sobre el nivel del mar (msnm), por ejemplo, tiene una temperatura anual de 26,2 °C) hasta las frías de las mesetas más elevadas (algo más de 10 °C en el Auyantepuy o el Roraima, pasando por el clima casi primaveral de la Gran Sabana, sobre todo, en las áreas por encima de los 1200 msnm: Santa Elena de Uairén, a 910 msnm, tiene una media anual de 21,8 °C. Las precipitaciones son muy elevadas, especialmente en el estado Amazonas y el suroeste del estado Bolívar: 3.521 mm anuales en San Carlos de Río Negro. Santa Elena de Uairén, que en cierto modo se encuentra parcialmente a sotavento de los vientos dominantes (alisios del NE) alcanza los 1.739 mm anuales, aunque con la particularidad de que ningún mes podría considerarse como seco.

La vegetación es de selva en casi toda su extensión, con algunas excepciones como es el caso de La Gran Sabana donde existen algunas selvas de galería y abundan las sabanas, más por razones edáficas (suelos rocosos y arenosos) que por motivos climáticos.
Ríos muy caudalosos y de pendientes bastante fuertes, casi todos ellos afluentes del Orinoco, constituyen la nota distintiva de la hidrografía de la Guayana venezolana. Todos los afluentes del Orinoco por su margen derecha, desde su nacimiento hasta el delta, son ríos guayaneses, entre los cuales se pueden citar: el Ventuari, el Cuchivero, el Caura, el Aro y el Caroní.

El enorme caudal de estos ríos se puede inferir del microclima que crean sus aguas por encima del cauce: las imágenes de satélite del Orinoco nos muestran el dibujo del curso fluvial a través de las nubes (principalmente Cumulus humilis) que cubren la región excepto, obviamente, sobre el propio cauce de dichos ríos. ¿Cuál es el proceso que explica este fenómeno?. En realidad es bastante sencillo: como las imágenes de satélite se toman, lo mismo que sucede con las fotos aéreas, en las horas intermedias de la mañana (para evitar el exceso de nubes que se forman por la convección durante la tarde), las aguas de los ríos están mucho más frías que el aire ya que, lo mismo que las aguas tardan mucho más tiempo que el aire en enfriarse, también tardan mucho más tiempo en calentarse. Esa menor temperatura de las aguas crea una zona de alta presión que impide la formación de nubes, ya que no hay ascenso del aire sobre el agua fría del cauce de los ríos grandes.

Contrasta esta situación con la que se presenta a finales de la tarde o comienzos de la noche, en horas en que las aguas están más calientes que el aire, por lo que las nubes pueden cubrir el cauce de los ríos y su dibujo no quedaría visible de esa froma tan sorprendente.

Entre los ríos de la Guayana venezolana que no forman parte de la cuenca del Orinoco debemos citar al brazo Casiquiare y al río Cuyuní. El Casiquiare no es un afluente sino un efluente del Orinoco, y a su vez, recibe por su margen izquierda al Siapa. 



El Casiquiare representa un caso único en el mundo, ya que, siendo un emisario natural del Orinoco, pone en comunicación, a través del río Negro, a las dos cuencas del Orinoco y del Amazonas. El Cuyuní, por su parte, con su afluente el Venamo, se dirige hacia el Esequibo. Vea la descripción del inédito Casiquiare en
http://labitacoradehumboldt.blogspot.com/2010/03/el-casiquiare.html?m=1
En relación con los tepuyes podemos ver que el tope de las mesetas está casi completamente aislado de la selva circundante





La altitud causa una importante diferencia climática con las llanuras más bajas: este clima es típicamente intertropical, con elevadas temperatura y humedad, mientras que la planicie superior puede llegar a ser aún más lluviosa pero mucho más fres

Por otro lado, la extrema verticalidad de las paredes, la presencia de cornisas insalvables y la humedad de las rocas dificulta bastante la migración entre la base y la cima y viceversa. Estos factores han determinado la aparición de flora y fauna endémicas (un endemismo es una especie biológica exclusiva de un lugar, área o región geográfica, y que no se encuentra de forma natural en ninguna otra parte del mundo).


El singular proceso evolutivo resultante ha dado origen a numerosas especies animales y vegetales únicas en el mundo, por lo que los tepuyes son habitualmente apodados «las Galápagos de tierra firme».

Dada la imposibilidad de acumulación de humus debido al viento y la accidentada constitución del terreno, el suelo de estas mesetas es pobre en nutrientes, lo que ha generado una variedad particularmente acentuada de plantas carnívoras.




El género Heliamphora (del griego: helos "pantano" y amphoreus "ánfora") contiene 23 especies de plantas lanzaderas, endémicas de Venezuela. Las especies se conocen colectivamente como lanzadores de sol, basados en la noción errónea de que el helide Heliamphora es desde el griego helios, que significa "sol". En realidad, el nombre se deriva de helos, que significa pantano, por lo que una traducción más precisa de su nombre científico sería plantas jarra de pantano.​ Las especies en el género Heliamphora son plantas carnívoras que constan de formas de hoja modificadas que se fusionan de forma tubular. Han desarrollado mecanismos para evitar llenar completamente con agua y atraer, reventar y matar insectos. Al menos una especie: H. tatei produce sus propias enzimas proteolíticas que le permite digerir su presa sin la ayuda de bacterias simbióticas.

La vegetación de los tepuyes está expuesta a rigurosas condiciones climáticas que varían desde intensas precipitaciones a una elevada radiación solar en días despejados, unidos a fuertes vientos, escasez de nutrientes y bajas temperaturas. Por eso, gran parte de la flora tepuyana es endémica de estos parajes, y en general las plantas presentan notables modificaciones o adaptaciones para sobrevivir



Los tepuyes de la Gran Sabana se caracterizan por tener sus cumbres dominadas por superficies rocosas, limitando la presencia de las plantas a las grietas y hendiduras de la roca, ya que en estos lugares suelen acumularse suelos incipientes que favorecen su desarrollo. La heliámphora atrae a los Insectos con sus vistosas hojas.

Esta especie es tan primitiva que no segrega enzima digestiva (como otras plantas insectívoras). Se vale de bacterias para descomponer a sus presas. Las larvas de un mosquito prosperan en esta diminuta piscina llena de nutrientes (dentro de la flor) que luego saldrán volando de esta trampa para insectos



En el estrato superior de los extensos bosques del piedemonte crecen numerosas especies de orquidáceas y Bromeliáceas. Estas características dan a las mesetas un marcado interés para los biólogos evolucionistas: numerosas especies todavía no han sido clasificadas, y probablemente queden aún muchas por descubrir.



En particular, algunos tepuyes están perennemente cubiertos por gruesas capas de nubes (como sucede en el Pico de la Neblina), y sólo han sido fotografiados por radar desde helicópteros. Algunas de estas formaciones aún no han sido holladas por el pie humano; su fauna es muy diversa, destacando el oso hormiguero, el jaguar(Panthera onca), la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), el zorro, armadillos gigantes y los monos araguatos; entre las aves, el águila arpía (Harpia harpyja), el halcón palomero, la guacamaya enana y el colibrí



Entre los reptiles se encuentran: la tragavenado (Boa constrictor), la anaconda(Eunectes murinos) y la cuaima piña (Lachesis muta muta). Numerosas especies de anfibios habitan en las zonas húmedas como el sapito minero Dendrobates leucomelas.

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